Lo que aprendimos luego de llevar más de 150 atletas a mundiales
Conseguir el slot al Mundial de IRONMAN 70.3 es solo el comienzo. En esa línea de partida entiendes que el puesto no cuenta toda la historia y que el verdadero reto no es llegar y ya, sino llegar en tu mejor versión.
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BET Human Performance
Hay algo curioso que pasa cuando clasificas a un Mundial de IRONMAN 70.3. Durante meses, y a veces años, conseguir ese slot se convierte en el objetivo. Entrenas para eso, escoges carreras pensando en eso, haces números, miras quién está inscrito en tu categoría y finalmente llega ese día en el que todo sale bien y lo consigues.
Y entonces empieza otra historia.
En BET ya hemos superado las 160 clasificaciones a Mundiales de IRONMAN 70.3. Hemos tenido atletas en prácticamente todo tipo de situaciones: algunos clasificando por primera vez, otros repitiendo, algunos metiéndose entre los 10 mejores de su categoría en mundiales y muchos haciendo carreras extraordinarias que, cuando uno mira únicamente la posición final, podrían parecer mucho menos espectaculares de lo que realmente fueron.
Ese probablemente sea uno de los primeros aprendizajes que nos han dejado estos años.
Hay que saber dónde estamos compitiendo.
Llegar a un Mundial con expectativas altas es normal. Si clasificaste es porque probablemente eres competitivo, porque estás acostumbrado a estar adelante en tu categoría y porque vienes de hacer algo muy bien. Pero de repente pones a cientos de personas como tú en una misma línea de partida.
Y la perspectiva cambia completamente.
Están algunos de los mejores amateurs del mundo y, en determinadas categorías, atletas con rendimientos realmente impresionantes, muy cercanos a los profesionales. Entonces puedes hacer una carrera excelente, incluso tener tus mejores números, y terminar muchísimo más atrás de lo que estás acostumbrado.
Lo hemos visto varias veces. Atletas que terminan un Mundial decepcionados por su puesto cuando, al revisar la carrera con calma, hicieron probablemente una de las mejores competencias de su vida.
Creo que ahí está una de las cosas más difíciles de entender: en un Mundial el puesto no siempre cuenta toda la historia.
Pero tampoco creemos en irse al otro extremo y pensar: “Ya clasifiqué, ahora solo voy a disfrutar”.
Por supuesto que hay que disfrutarlo. Pero si algo hemos aprendido es que las carreras se disfrutan mucho más cuando llegas bien preparado.
Si hiciste todo el esfuerzo para clasificar, entrenar durante meses, organizar un viaje, mover una bicicleta al otro lado del mundo y estar en esa línea de partida, ¿por qué no intentar llegar en tu mejor forma?
No es llegar y ya. Es llegar y bien.
De hecho, algunos de los mejores números que hemos visto en nuestros atletas han sido precisamente en Mundiales. Mejores potencias, mejores ritmos, mejores parciales y, sobre todo, carreras muy bien ejecutadas. Quizás no terminaron en la posición que normalmente consiguen en otras competencias, pero lograron sacar una versión deportiva que hasta ese momento no habían conseguido.
Y eso también es competir.
Hay otra cosa que creo que muchas veces desaprovechamos. Un Mundial probablemente sea una de las mejores clases de triatlón que vas a tener en tu vida.
Solo tienes que mirar alrededor.
Siempre hablamos de aprender de los profesionales, pero en estos eventos tienes algo incluso más interesante: puedes aprender de algunos de los mejores amateurs del mundo. Gente que, igual que nosotros, trabaja, tiene familia, tiene reuniones, lleva a sus hijos al colegio, pierde entrenamientos de vez en cuando y tiene que encontrar la manera de meter natación, bicicleta y carrera dentro de una vida normal.
Y algunos son increíblemente buenos haciéndolo.
Mira cómo entrenan los días previos, cómo preparan su bicicleta, cómo comen, qué llevan en las transiciones, cómo calientan, cómo recuperan, qué equipamiento utilizan. Conversa con ellos. Pregunta.
No para copiar todo, porque ese sería otro error. Lo que funciona para alguien no necesariamente funciona para ti. Pero sí para entender qué cosas son replicables.
Tal vez alguien entendió mejor cómo alimentarse sobre la bicicleta. Otro encontró una posición mucho más eficiente. Otro lleva diez años entrenando sin grandes interrupciones. Quizás el aprendizaje no sea comprar lo que él usa, sino entender por qué lo usa.
De hecho, si algo hemos aprendido también es que un Mundial no es el momento para convertirte en un atleta diferente.
A veces clasificamos haciendo las cosas de una manera y, porque ahora vamos al Mundial, queremos cambiar todo. Nueva nutrición, nuevos zapatos, nueva posición en la bicicleta, nuevos suplementos, nuevas estrategias.
Claro que siempre hay cosas que podemos optimizar, pero hay que recordar algo bastante simple: lo que venías haciendo fue suficientemente bueno para llevarte hasta ahí.
Confía también en ese proceso.
Y quizás una de las cosas que más me gustan de estos eventos es que vuelves con una nueva referencia de lo que significa ser bueno.
Eso puede golpearte un poco el ego, pero también puede ser increíblemente motivante.
Cuando entrenas y compites siempre dentro del mismo entorno es fácil pensar que estás cerca de tu techo. Un Mundial te demuestra que probablemente todavía tienes muchísimo por aprender. Ves atletas de tu misma edad, con responsabilidades parecidas a las tuyas, haciendo cosas que hasta ese momento pensabas que estaban bastante lejos.
Y entonces vuelves a casa preguntándote: ¿qué puedo hacer mejor?
Para un entrenador, esa pregunta vale muchísimo.
Finalmente hay algo que siempre recomendamos a nuestros atletas cuando la logística y la vida lo permiten: no regresar corriendo a casa al día siguiente.
Quédate unos días.
El triatlón de larga distancia es demandante. Y mientras más importante es la carrera, más estructurada puede volverse nuestra vida alrededor de ella. Horarios, entrenamientos, alimentación, sueño, bicicleta, viajes, taper, nervios. Sin darnos cuenta, durante algunas semanas todo empieza a girar alrededor de una fecha.
Cuando cruces la meta, aprovecha para hacer un RESET.
Conoce el lugar al que te llevó el deporte. Come sin pensar cuánto carbohidrato necesitas por hora. Camina sin mirar el Garmin. Tómate una cerveza si te provoca. Disfruta con tu familia, con tus amigos o con tus compañeros de equipo.
Muchas veces regresamos de esos días con más ganas de entrenar que antes de irnos.
Y probablemente con un nuevo objetivo dando vueltas en la cabeza.
Ahora se acerca Nice y nuevamente tendremos una delegación enorme de BET en un Mundial. Atletas que llegan desde Ecuador, México, El Salvador y Singapur. Y aunque nos llena de orgullo ver crecer ese número, también sentimos cada vez más la responsabilidad que viene con él.
Porque nuestro objetivo nunca puede ser solamente clasificar mucha gente a un Mundial.
Queremos que lleguen preparados. Que compitan bien. Que entiendan el nivel al que se están enfrentando. Que aprendan. Que disfruten. Que vuelvan mejores atletas de lo que se fueron y, ojalá, con todavía más ganas de seguir apostando por ellos.
Después de más de 160 clasificaciones, quizás eso es lo que más hemos aprendido.
Llegar a un Mundial es un logro enorme. Pero lo verdaderamente interesante es todo lo que puedes llevarte después de haber estado ahí.
Hay algo curioso que pasa cuando clasificas a un Mundial de IRONMAN 70.3. Durante meses, y a veces años, conseguir ese slot se convierte en el objetivo. Entrenas para eso, escoges carreras pensando en eso, haces números, miras quién está inscrito en tu categoría y finalmente llega ese día en el que todo sale bien y lo consigues.
Y entonces empieza otra historia.
En BET ya hemos superado las 160 clasificaciones a Mundiales de IRONMAN 70.3. Hemos tenido atletas en prácticamente todo tipo de situaciones: algunos clasificando por primera vez, otros repitiendo, algunos metiéndose entre los 10 mejores de su categoría en mundiales y muchos haciendo carreras extraordinarias que, cuando uno mira únicamente la posición final, podrían parecer mucho menos espectaculares de lo que realmente fueron.
Ese probablemente sea uno de los primeros aprendizajes que nos han dejado estos años.
Hay que saber dónde estamos compitiendo.
Llegar a un Mundial con expectativas altas es normal. Si clasificaste es porque probablemente eres competitivo, porque estás acostumbrado a estar adelante en tu categoría y porque vienes de hacer algo muy bien. Pero de repente pones a cientos de personas como tú en una misma línea de partida.
Y la perspectiva cambia completamente.
Están algunos de los mejores amateurs del mundo y, en determinadas categorías, atletas con rendimientos realmente impresionantes, muy cercanos a los profesionales. Entonces puedes hacer una carrera excelente, incluso tener tus mejores números, y terminar muchísimo más atrás de lo que estás acostumbrado.
Lo hemos visto varias veces. Atletas que terminan un Mundial decepcionados por su puesto cuando, al revisar la carrera con calma, hicieron probablemente una de las mejores competencias de su vida.
Creo que ahí está una de las cosas más difíciles de entender: en un Mundial el puesto no siempre cuenta toda la historia.
Pero tampoco creo en irse al otro extremo y pensar: “Ya clasifiqué, ahora solo voy a disfrutar”.
Por supuesto que hay que disfrutarlo. Pero si algo hemos aprendido es que las carreras se disfrutan mucho más cuando llegas bien preparado.
Si hiciste todo el esfuerzo para clasificar, entrenar durante meses, organizar un viaje, mover una bicicleta al otro lado del mundo y estar en esa línea de partida, ¿por qué no intentar llegar en tu mejor forma?
No es llegar y ya. Es llegar y bien.
De hecho, algunos de los mejores números que hemos visto en nuestros atletas han sido precisamente en Mundiales. Mejores potencias, mejores ritmos, mejores parciales y, sobre todo, carreras muy bien ejecutadas. Quizás no terminaron en la posición que normalmente consiguen en otras competencias, pero lograron sacar una versión deportiva que hasta ese momento no habían conseguido.
Y eso también es competir.
Hay otra cosa que creo que muchas veces desaprovechamos. Un Mundial probablemente sea una de las mejores clases de triatlón que vas a tener en tu vida.
Solo tienes que mirar alrededor.
Siempre hablamos de aprender de los profesionales, pero en estos eventos tienes algo incluso más interesante: puedes aprender de algunos de los mejores amateurs del mundo. Gente que, igual que nosotros, trabaja, tiene familia, tiene reuniones, lleva a sus hijos al colegio, pierde entrenamientos de vez en cuando y tiene que encontrar la manera de meter natación, bicicleta y carrera dentro de una vida normal.
Y algunos son increíblemente buenos haciéndolo.
Mira cómo entrenan los días previos, cómo preparan su bicicleta, cómo comen, qué llevan en las transiciones, cómo calientan, cómo recuperan, qué equipamiento utilizan. Conversa con ellos. Pregunta.
No para copiar todo, porque ese sería otro error. Lo que funciona para alguien no necesariamente funciona para ti. Pero sí para entender qué cosas son replicables.
Tal vez alguien entendió mejor cómo alimentarse sobre la bicicleta. Otro encontró una posición mucho más eficiente. Otro lleva diez años entrenando sin grandes interrupciones. Quizás el aprendizaje no sea comprar lo que él usa, sino entender por qué lo usa.
De hecho, si algo hemos aprendido también es que un Mundial no es el momento para convertirte en un atleta diferente.
A veces clasificamos haciendo las cosas de una manera y, porque ahora vamos al Mundial, queremos cambiar todo. Nueva nutrición, nuevos zapatos, nueva posición en la bicicleta, nuevos suplementos, nuevas estrategias.
Claro que siempre hay cosas que podemos optimizar, pero hay que recordar algo bastante simple: lo que venías haciendo fue suficientemente bueno para llevarte hasta ahí.
Confía también en ese proceso.
Y quizás una de las cosas que más me gustan de estos eventos es que vuelves con una nueva referencia de lo que significa ser bueno.
Eso puede golpearte un poco el ego, pero también puede ser increíblemente motivante.
Cuando entrenas y compites siempre dentro del mismo entorno es fácil pensar que estás cerca de tu techo. Un Mundial te demuestra que probablemente todavía tienes muchísimo por aprender. Ves atletas de tu misma edad, con responsabilidades parecidas a las tuyas, haciendo cosas que hasta ese momento pensabas que estaban bastante lejos.
Y entonces vuelves a casa preguntándote: ¿qué puedo hacer mejor?
Para un entrenador, esa pregunta vale muchísimo.
Finalmente hay algo que siempre recomendamos a nuestros atletas cuando la logística y la vida lo permiten: no regresar corriendo a casa al día siguiente.
Quédate unos días.
El triatlón de larga distancia es demandante. Y mientras más importante es la carrera, más estructurada puede volverse nuestra vida alrededor de ella. Horarios, entrenamientos, alimentación, sueño, bicicleta, viajes, taper, nervios. Sin darnos cuenta, durante algunas semanas todo empieza a girar alrededor de una fecha.
Cuando cruces la meta, aprovecha para hacer un RESET.
Conoce el lugar al que te llevó el deporte. Come sin pensar cuánto carbohidrato necesitas por hora. Camina sin mirar el Garmin. Tómate una cerveza si te provoca. Disfruta con tu familia, con tus amigos o con tus compañeros de equipo.
Muchas veces regresamos de esos días con más ganas de entrenar que antes de irnos.
Y probablemente con un nuevo objetivo dando vueltas en la cabeza.
Ahora se acerca Nice y nuevamente tendremos una delegación enorme de BET en un Mundial. Atletas que llegan desde Ecuador, México, El Salvador y Singapur. Y aunque nos llena de orgullo ver crecer ese número, también sentimos cada vez más la responsabilidad que viene con él.
Porque nuestro objetivo nunca puede ser solamente clasificar mucha gente a un Mundial.
Queremos que lleguen preparados. Que compitan bien. Que entiendan el nivel al que se están enfrentando. Que aprendan. Que disfruten. Que vuelvan mejores atletas de lo que se fueron y, ojalá, con todavía más ganas de seguir apostando por ellos.
Después de más de 160 clasificaciones, quizás eso es lo que más hemos aprendido.
Llegar a un Mundial es un logro enorme. Pero lo verdaderamente interesante es todo lo que puedes llevarte después de haber estado ahí.