Lo que aprendimos entrenando atletas que empezaron a mejorar después de los 50
No hay que luchar contra el tiempo, en el deporte no hay fecha de caducidad.
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BET Human Performance
Hay una frase que escuchamos con demasiada frecuencia: “ya no tengo la edad para seguir mejorando.” Y, siendo sinceros, entendemos de dónde viene. Durante años nos hicieron creer que cumplir 50 significaba empezar a bajar el ritmo, resignarse a perder rendimiento y conformarse con mantener lo que todavía quedaba.
La realidad que hemos visto en BET es muy diferente.
Después de entrenar durante años a atletas de todas las edades, hay algo que nos sigue llamando la atención: algunos de los mayores saltos de rendimiento los hemos visto justamente después de los 50 años. Y no hablamos únicamente de terminar carreras. Hablamos de personas que hacen su mejor Ironman a los 55, que clasifican por primera vez a un Mundial después de los 60, que baten sus propios récords personales cuando muchos piensan en retirarse o que simplemente descubren un nivel deportivo que nunca habían tenido.
Esto tampoco significa que la edad no importe. Claro que importa. Lo que cambia es la forma de entrenar, no la posibilidad de seguir mejorando.
Joe Friel escribió hace varios años un libro que sigue siendo una referencia obligada sobre este tema: Fast After 50. Su mensaje principal nos gusta mucho porque rompe un paradigma muy común. A medida que envejecemos no deberíamos entrenar menos por el simple hecho de cumplir años; deberíamos entrenar de una manera más inteligente. El objetivo deja de ser acumular entrenamiento por acumular y pasa a ser aprovechar al máximo aquello que realmente genera adaptación.
Y eso es exactamente lo que vemos todos los días.
Uno de los primeros cambios aparece en la recuperación. Si hay algo que los años modifican de forma evidente es el tiempo que necesita el cuerpo para absorber una carga de entrenamiento. No significa que un atleta de 55 años no pueda hacer una sesión muy exigente. Muchas veces puede hacerla igual de bien que alguien veinte años menor. La diferencia está en lo que ocurre después. Recuperarse toma más tiempo y, si no respetamos ese proceso, la calidad del entrenamiento empieza a caer.
Por eso muchas veces vemos que los atletas que más mejoran no son necesariamente los que entrenan más horas. Son los que llegan frescos a las sesiones importantes.
Otro error muy común es pensar que, por ser mayores, deberían entrenar únicamente a baja intensidad. Curiosamente, la evidencia y la experiencia muestran exactamente lo contrario. Uno de los sistemas fisiológicos que más rápido disminuye con la edad es el consumo máximo de oxígeno, el famoso VO₂ máx. Y precisamente por eso necesita seguir siendo estimulado. No significa hacer intervalos todos los días ni vivir al límite, pero sí mantener durante todo el año sesiones de alta intensidad bien planificadas.
Es algo que vemos una y otra vez. Los atletas senior que siguen mejorando son aquellos que continúan trabajando la velocidad, la potencia y la intensidad, mientras respetan mucho más la recuperación que esas sesiones requieren.
También ocurre algo interesante con la eficiencia. Con los años, muchos atletas dejan de depender únicamente de la capacidad física y empiezan a apoyarse mucho más en la experiencia. Aprenden a regular mejor el esfuerzo, desperdician menos energía, se alimentan mejor, toman mejores decisiones y entienden cuándo vale la pena acelerar y cuándo es mejor esperar. En otras palabras, cada watt, cada paso y cada minuto empiezan a rendir más.
Y aquí aparece uno de los mayores aprendizajes que nos han dejado estos atletas.
La mayoría de ellos son extraordinariamente organizados.
No porque tengan más tiempo libre. Muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Tienen empresas, hijos grandes, responsabilidades familiares, viajes de trabajo y agendas tan complicadas como cualquier ejecutivo. Sin embargo, entienden que el entrenamiento no depende de encontrar tiempo, sino de planificarlo.
Llegan a las sesiones descansados, rara vez improvisan su alimentación, cuidan el sueño, cumplen el fortalecimiento aunque nadie los vea y entienden que los pequeños detalles repetidos durante meses terminan construyendo grandes resultados.
Y eso, honestamente, es algo que muchos atletas jóvenes todavía podrían aprender.
Porque si hay algo que hemos descubierto entrenando atletas mayores de 50 años es que la disciplina suele reemplazar al talento mucho más de lo que imaginamos.
Pienso mucho en algunos ejemplos que tenemos dentro de BET. Martín, uno de nuestros entrenadores, está a sus 46 años preparándose para la UTMB de 170 kilómetros y probablemente atraviesa uno de los mejores momentos deportivos de su vida. En mi caso personal, también siento que hoy entiendo el entrenamiento mucho mejor que hace diez años y sigo encontrando formas de mejorar. Hemos acompañado atletas entre 65 y 69 años capaces de correr una media maratón de Miami en 1 hora y 33 minutos o establecer récords en Ironman 70.3 dentro de sus categorías. No son excepciones porque nacieron con una genética extraordinaria. Son personas que decidieron seguir creyendo que todavía podían mejorar.
Eso sí, nunca lo hicieron solos.
Detrás de casi todos esos casos hay algo en común: un entorno que los impulsa, un entrenador que entiende que el atleta de hoy no es el mismo de hace veinte años y un plan que evoluciona junto con el cuerpo. Porque con los años cambian muchas cosas: la recuperación, la fuerza, la capacidad para tolerar grandes volúmenes, las prioridades familiares e incluso la motivación. Pretender entrenar igual que a los 30 probablemente sea el camino más corto hacia la frustración.
Lo bonito es que esa misma experiencia también nos ha enseñado algo para quienes todavía están en sus veinte o treinta años.
No esperen a cumplir 50 para empezar a entrenar como entrenan los mejores atletas de 50.
Aprendan desde ahora a dormir mejor. A respetar los días fáciles. A llegar descansados a las sesiones importantes. A trabajar la fuerza con constancia. A mantener la intensidad cuando corresponde. A organizar la semana alrededor de las prioridades y no al revés. A cuidar la nutrición incluso cuando no hay una carrera cerca. A entender que la recuperación no es tiempo perdido, sino parte del entrenamiento.
Porque, al final, los mejores atletas senior no son los que desafían el paso del tiempo. Son los que aprendieron a trabajar con él en lugar de pelear contra él.
Y quizás esa sea la mayor lección que nos han dejado después de tantos años entrenándolos. El rendimiento no tiene una fecha de caducidad escrita en el documento de identidad. La verdadera diferencia está en la mentalidad con la que decides afrontar cada nueva etapa de tu vida.
Muchos creen que envejecer significa dejar de perseguir grandes objetivos. Nosotros, después de ver cientos de historias, creemos exactamente lo contrario. A veces los mejores resultados llegan cuando ya no entrenas para demostrarle nada a nadie, sino porque descubriste que todavía eres capaz de sorprenderte a ti mismo.
Y esa, probablemente, sea la forma más bonita de entender el deporte. No como una carrera contra los años, sino como una oportunidad permanente para seguir apostando por uno mismo. Porque mientras sigas teniendo un reto que te emocione, un equipo que crea en ti y las ganas de salir a entrenar mañana, todavía quedan muchas metas por conquistar.
-Pablo Vallejo