Expectativas, realidad y la conversación que casi nunca tenemos en el deporte
En el deporte de endurance, el rendimiento no es lineal y las expectativas son necesarias para avanzar. Sin embargo, el mayor peligro no es fallar una meta, sino el silencio entre el atleta y el entrenador. Las frustraciones nacen de las suposiciones. El
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Expectativas, realidad y la conversación que casi nunca tenemos en el deporte
Uno de los temas que más me hace pensar como entrenador tiene que ver con las expectativas. Lo que un atleta espera de una carrera, de una temporada o incluso de sí mismo. Porque en el deporte de endurance hay algo curioso: muchas veces entrenamos con una película en la cabeza sobre cómo creemos que deberían salir las cosas, pero la realidad no siempre va al mismo ritmo de nuestras ganas.
Y eso no necesariamente es algo malo.
Todos tenemos expectativas. Queremos hacer cierto tiempo en maratón, clasificar a Boston, terminar un Ironman, subir al podio, volver a sentirnos fuertes, recuperar confianza o simplemente comprobar que todavía podemos mejorar. Tener expectativas es bueno. De hecho, creo que son necesarias. Nos hacen levantarnos temprano, entrenar cuando estamos cansados, decir que no a ciertas cosas y sostener procesos largos que muchas veces son incómodos.
El problema no son las expectativas. El problema es cuando no conversamos sobre ellas o cuando no entendemos si realmente están alineadas con nuestra realidad actual.
Como entrenadores, una de las cosas más importantes —y probablemente más difíciles— es entender qué espera realmente nuestro pupilo. No solamente qué quiere lograr, sino qué cree que puede lograr y qué está dispuesto a hacer para llegar ahí. Porque muchas veces hay diferencias enormes entre esas tres cosas.
Hay atletas con expectativas muy altas, a veces demasiado altas para el momento en el que están. Quieren correr una maratón a un ritmo que probablemente todavía no corresponde a su historial, al tiempo disponible para entrenar o incluso a la consistencia que han tenido. Y ojo, no digo esto para limitar sueños. Todo lo contrario. Muchas veces sí se puede llegar ahí… pero probablemente no todavía, no en ese tiempo o no bajo esas condiciones.
Y luego están los casos contrarios, que honestamente también veo muchísimo. Atletas con expectativas poco retadoras. Gente con muchísimo potencial pero que por miedo, experiencias pasadas o simplemente porque nunca alguien les dijo, terminan pensando demasiado pequeño. Ahí también el trabajo del entrenador es importante, porque a veces toca decir: “Creo que puedes mucho más de lo que estás pensando”. Pasa mucho con atletas que empiezan a entrenar con nosotros y tienen 4h05 en maratón por ejemplo, y su respuesta es: con bajar de las 4h ya me conformo. Luego de ver lo que hicieron en ese proceso de entrenamiento para las 4h05 podemos ver que con un par de ajustes (comprar un tipo de zapatos que les pueda ayudar a correr más rápido ya bastaría). Ahí es cuando ese reto es muy poco retador.
Creo que el equilibrio es clave.
Ni matar sueños ni alimentar fantasías. Ni decirle a alguien que todo es posible solo por quererlo mucho, ni tampoco ponerle techos demasiado pronto. El buen entrenador no solamente prescribe entrenamientos; también ayuda a construir expectativas saludables, ambiciosas pero aterrizadas.
Hay algo clave, el rendimiento no ocurre en el vacío. No depende solo de cuánto queremos algo. Depende de muchísimas variables. De cuánto tiempo llevas entrenando, tu edad deportiva, el sueño, el estrés, el trabajo, la nutrición, el historial de lesiones, la genética, el tiempo disponible y hasta el momento de vida en el que estás.
Dos personas pueden querer exactamente el mismo tiempo en maratón y entrenar con muchísimo compromiso, pero aun así obtener resultados completamente distintos. Y eso no significa que alguien esté fallando. Simplemente significa que el deporte no siempre es tan lineal ni tan justo como quisiéramos.
Y aquí viene otra parte importante: ¿qué pasa cuando las cosas no salen?
Porque tarde o temprano a todos nos pasa. Entrenaste muchísimo, hiciste sacrificios, sentías que estabas listo… y simplemente no se dio. Te equivocaste en el pacing, te faltó energía, te enfermaste antes, tuviste un mal día o simplemente el cuerpo no respondió como esperabas.
Y claro que duele.
Pero honestamente creo que tropezarse es una de las cosas que más nos enseña en el deporte. Muchas veces aprendemos más de una mala carrera que de una gran carrera. Las malas competencias te obligan a reflexionar, a hacer preguntas incómodas, a entender mejor el cuerpo y a reevaluar procesos.
El problema no es fallar. El problema es creer que fallar significa que no servimos para esto o que todo el esfuerzo fue en vano.
En endurance casi nadie mejora en línea recta. Hay meses espectaculares y otros frustrantes. Hay carreras increíbles y otras donde simplemente no sale nada. Pero cuando miras hacia atrás después de algunos años, normalmente entiendes que incluso esas malas carreras fueron parte del camino.
Ahora, hay algo que creo que sí puede dañar muchísimo la relación entre atleta y entrenador: no hablar de expectativas.
Porque ahí empiezan las frustraciones silenciosas. El atleta que esperaba algo que nunca se conversó. El entrenador que pensaba que el atleta estaba comprometido de cierta manera. Los silencios, las suposiciones y esas cosas que ninguno se dice para no incomodar al otro.
Y no debería ser así.
Como entrenadores podemos equivocarnos. Podemos calcular mal un proceso, leer mal un momento o incluso fallar en entender cómo está realmente un atleta. Y como atletas también muchas veces callamos cosas: cansancio, dudas, frustraciones, molestias o incluso desacuerdos con el proceso.
Pero si no hablamos, no nos estamos ayudando. No estamos siendo equipo.
Si tu entrenador no tiene claras tus expectativas, habla con él. Dile lo que quieres. Lo que sueñas. Lo que te preocupa. Lo que esperas.
Y si tu pupilo no tiene claras sus expectativas, habla también. Pregunta. Escucha. Ayúdale a aterrizarlas o incluso a hacerlas más grandes si hace falta.
Porque al final, lo peor que puede pasar entre entrenador y atleta no es equivocarse.
Lo peor es no tener la confianza para decirse las cosas.
Y si algo he aprendido después de tantos años viendo procesos deportivos, es que los mejores resultados normalmente vienen cuando ambas partes sienten que están remando para el mismo lado, con honestidad, confianza y expectativas claras… aunque el camino, muchas veces, no salga exactamente como estaba planeado.
-Pablo Vallejo.